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EL SECTOR CÁRNICO AVÍCOLA EXIGE A TRAVÉS DE AVIANZA QUE LOS ESTAMENTOS EUROPEOS CONSIDEREN LA REALIDAD DE LOS SECTORES AGROALIMENTARIOS Y VELEN POR SU ESTABILIDAD

Madrid, 9 de febrero de 2024. AVIANZA (Asociación Interprofesional Española de Carne Avícola) se suma al malestar de los ganaderos y agricultores europeos y vuelve a reivindicar, como ha hecho los últimos meses, la necesidad urgente de que las instituciones europeas ajusten las normativas actuales y futuras a la situación real del sector agroalimentario en cada país.

Para Avianza, los cambios normativos no pueden ir contra un sector estratégico como el de los agricultores y granjeros en Europa, abocando a los mismos a producir en un sistema injusto y contrario a la competencia, que obliga a cumplir altos estándares a los productores locales, mientras que se olvida de este cumplimiento para productores de mercados fuera de la UE.

Uno de los últimos agravios comparativos está siendo las políticas comunitarias en materia de un supuesto incremento del bienestar animal. Siendo nuestro sector uno de los más garantistas en este ámbito, normativas alejadas de los hechos contrastados ahogarán de nuevo a todo el sector agroalimentario, abocándolo a una de las mayores crisis de su historia, ya que la rentabilidad y la viabilidad de sus granjas se verá gravemente comprometida.

Normativas que podrían reducir casi un 70% de la superficie útil de las granjas, exigir inversiones millonarias en nuevas instalaciones o incrementar los costes de producción hasta un punto de no retorno de la viabilidad económica. Medidas que podrían triplicar el precio de la canal de pollo entero, por ejemplo.

Medidas también como el nuevo reglamento europeo de transporte de animales, cuya aplicación no tiene en cuenta ni las condiciones climáticas de un país como España, ni tampoco las condiciones de trabajo del sector.

Por ello pedimos contar con la visión de todos los agentes implicados para llegar a soluciones satisfactorias en todos los aspectos, y no seguir regulando de espaldas, no sólo a los productores, sino a los propios ciudadanos, que serán los principales perjudicados por la reducción del autoabastecimiento alimentario europeo.